Mateo despertó sobresaltado a las cuatro y diecisiete de la mañana con el cuerpo completamente empapado en sudor y una presión insoportable oprimiéndole el pecho desde dentro, como si alguien hubiera enterrado una mano helada entre sus costillas mientras dormía y hubiese esperado exactamente al instante más vulnerable de la noche para apretar. Durante varios segundos permaneció inmóvil sobre la cama, respirando con dificultad y mirando la oscuridad del departamento sin lograr distinguir del todo qué parte de la angustia provenía del sueño y cuál pertenecía a recuerdos reales, porque últimamente ambas cosas comenzaban a mezclarse dentro de él de una forma peligrosa.A su lado, Valeria seguía dormida envuelta parcialmente entre las sábanas claras, con el rostro hundido apenas contra
Leer más