CASSANDRAMis manos buscaron una manta, temblando mientras el frío se me colaba por el cuerpo.Pero solo había almohadas.Acerqué una a mi pecho, hundiendo la cara en ella, y fue entonces cuando mis fosas nasales captaron ese aroma —masculino, embriagador—: Marco.Abrí los ojos lentamente, con el cuerpo dolorido mientras asimilaba mi entorno.Su habitación.Él no estaba, y yo no llevaba ni bragas ni sujetador, solo su camisa colgando suelta por debajo de mi trasero.Los recuerdos de la noche anterior me golpearon, y en lugar de saltar de la cama o entrar en pánico, me quedé allí tumbada, mirando al techo.Lo saboreé… todo. Cada fragmento, cada embestida, los besos, su tacto, esos susurros sucios que me hacían rogar por más.La forma en que no me importaron las consecuencias, solo lo deseaba con locura, y ahora…Solté un suspiro profundo, a punto de levantarme, cuando la puerta se abrió.Se me cortó la respiración… pensando que era Marco. En su lugar, entró una sirvienta con una bande
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