CassandraMe paré frente al espejo, admirándome.Por primera vez desde que llegué aquí, me veía bien. Al menos mejor que la última vez que me vi en un espejo.El vestido rojo se ceñía a mi cuerpo, resaltando todas mis curvas. Me hizo recordar cómo solía vestirme allá en Nueva York. Cada conjunto era siempre un referente de moda. ¿Quién hubiera pensado que acabaría encerrada en Italia sin libertad de movimiento?Solté un suspiro antes de agarrar los tacones blancos que estaban al lado, en lugar de sandalias. Las sandalias nunca fueron mi estilo, y el simple hecho de haber pasado hambre durante días no iba a arruinar mi elegancia.Además, esto le demostraría a Marco que el castigo no le hizo daño a mi salud mental. Me los puse y, como esperaba, quedaban perfectos. Echándome un último vistazo, salí de la habitación.El pasillo estaba en silencio, lo cual resultaba extraño. Parecía que todos los empleados habían sido dispersados. ¿Quién me había llevado a esa habitación, entonces? ¿Marco?
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