Sin entender qué tipo de juego David estaba intentando hacer, Pérsia tira del brazo de una vez, rompiendo el contacto bruscamente.—¡Lo que haces con tus recuerdos no es problema mío! —rebate, con la voz temblorosa.—¿Me estás provocando a propósito, no es así? —retruca él, con una sonrisa torcida que más parece un intento de ocultar el nerviosismo que siente.—Estoy intentando sobrevivir, David —responde, y por primera vez lo llama por su nombre, haciéndolo tragar saliva. —Puedes volver a tu mundo millonario y cómodo, pero yo... bueno, yo no tengo ese privilegio.El silencio que se instala es pesado, como si el aire se hubiera vuelto denso a su alrededor. David observa su expresión rígida, casi impasible, pero él ya ha visto más. Detrás de ese autocontrol, aún reconoce a la mujer que tembló en sus brazos.—Pérsia… —susurra, ahora con la voz más baja, quebrada. —Si estás arrepentida, dímelo.—No estoy arrepentida —responde demasiado rápido, y en ese mismo instante desvía la mirada. —S
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