Capítulo cincuenta. Un encuentro conmigo mismo
JakeEscucho las risas infantiles y el sonido de unos pasitos que se acercan. Me pongo recto en el sillón o por lo menos lo intento, ignorando la punzada horrible en mis costillas rotas. No me importa el dolor. Me acomodo la sudadera con manos torpes y clavo mi mirada en la entrada del pasillo.Entonces, Donna aparece sosteniendo de la mano a un niño de más o menos cinco años vestido con un vaquero y una camisa a cuadros. Mi asombro no tiene límites, casi no respiro, el niño tiene el cabello claro casi del color de Donna, los destellos rojizos me encandilan, pero cuando levanta el rostro y me sonríe avergonzado el aire si que escapa de mis pulmones. Tiene todos mis rasgos faciales, mi nariz, los ojos azules idénticos a los míos. Abro y cierro la boca sin saber que decir o, como actuar.Solo se que es un mini yo, pero con la luz y la pureza de su madre porque, aunque me duela decirlo: ella es una mujer perfecta, es buena y mucho mejor que yo en cualquier sentido. Sin embargo, Derrik, m
Leer más