El aire en San Luca, enclavado en las montañas de Calabria al sur de Italia, es mucho más limpio y silencioso que el bullicio del norte. La antigua villa de la familia de Mateo, rodeada de cipreses y muros de piedra, es una fortaleza invisible.
Aquí no hay rastros del imperio Cavalli ni de las garras de Romano Aceros. Es el escondite perfecto.
Abril está sentada en la terraza, observando el atardecer mientras Mía duerme en una cuna portátil a pocos metros de distancia. Sobre la mesa descansa un