El regreso a Roma trae consigo una calma engañosa. Las calles de la capital italiana, bañadas por el sol dorado de la mañana, contrastan con la tormenta de descubrimientos que aún sacude los cimientos de la familia Cavalli.En el interior del departamento, la seguridad se triplica. Abril se encuentra sentada en el sofá del salón principal, con una taza de té humeante entre las manos. Su rostro recupera el color, y aunque el médico le reitera la necesidad de evitar el estrés, su mente no puede detenerse.Frente a ella, Liam revisa unos documentos en la mesa de centro. Fiel a su estilo, no lleva corbata y tiene los dos primeros botones de su camisa negra abiertos, exudando esa mezcla de elegancia y peligro que lo caracteriza. A su lado, Dante permanece de pie, sosteniendo una tablet.—Dime que ya tienes el nombre, Dante —exige Liam, levantando la vista de los papeles—. L
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