Narra Vincent:El aire en la cripta subterránea se sentía pesado, cargado con una estática invisible que erizaba la piel y hacía que el aliento se condensara en finas volutas blancas frente a nuestros rostros. Frente a nosotros, el imponente monolito de piedra negra, el sello ancestral que guardaba el exilio de los Otros, parecía latir con un pulso propio, oscuro y hambriento.Me detuve a pocos pasos de la roca, con los puños apretados y la respiración entrecortada. A mi espalda, Wilder se había detenido cerca de la base de las escalinatas, con los ojos fijos en la estructura titánica y el rostro desencajado por el horror. Su respiración era rápida, un eco tembloroso que rebotaba contra los muros milenarios.—No lo haga, Vincent... por la Diosa, se lo ruego. — la voz de Wilder se quebró, cargada de una desesperación genuina, casi suplicante. — ¿Se da cuenta de lo que está a punto de hacer? Está a punto de desatar el mal absoluto sobre el mundo. Todo lo que conocemos, nuestras familias
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