Esa noche, Ana lo dispuso todo a la perfección.En la lujosa suite del hotel donde se hospedaban, Ana había ambientado el espacio con un cuidado meticuloso. Velas de aromaterapia ardían en cada rincón de la estancia, proyectando una luz tenue, cálida y romántica. Pétalos de rosas rojas alfombraban el suelo de mármol blanco, trazando un camino desde la entrada principal hingga el dormitorio. Sobre la mesa de noche, junto a la cama, una botella de una costosa champaña ya se encontraba abierta, flanqueada por dos copas de cristal que centelleaban bajo la penumbra.Ana vestía un sutil camisón de seda guinda, fino y transparente, que delineaba con gracia las curvas de su silueta. Su larga cabellera rubia caía desparramada sobre sus hombros, su maquillaje lucía impecable y el costoso perfume que portaba impregnaba el aire con una fragancia embriagadora.Sin embargo, detrás de todo aquel esplendor, se ocultaba un detalle invisible a los ojos.Un polvo fino y blanquecino que ella misma había
Leer más