C26: ¿QUÉ TE HICIERON? Ian apartó el brazo de la mujer con un movimiento seco. —Quítame las manos de encima si no quieres perderlas —soltó. Su voz era un gruñido ronco, mientras contenía la respiración. El calor en sus venas se transformó en un incendio. Buscando dejar a la mujer atrás, avanzó hacia el balcón, pero el suelo pareció inclinarse. Sus pulmones exigían aire, pero solo inhalaban el perfume denso de la desconocida que, lejos de amedrentarse, se interpuso de nuevo en su camino con una sonrisa que destilaba una amabilidad fingida. —Cariño, no te ves nada bien. Estás sudando —dijo ella, estirando la mano para tocarle la frente—. Déjame ayudarte a salir de aquí. Conozco un lugar tranquilo arriba. La droga dio un latigazo final. Y por un segundo, la silueta de la mujer se volvió borrosa y el instinto de Ian, nublado por el químico, envió una señal de deseo errónea. Su cuerpo reaccionó a la cercanía de la carne, pero su cerebro dio un golpe de mando. —Déjame en paz —ordenó, e
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