C37- SU MUJER IBA A TENER LO QUE QUISIERA.Ian no necesitó más invitación. Le subió la falda hasta la cintura, sus manos recorrieron sus muslos, su cintura, sus pechos, presionando, reclamando, adorando cada curva con urgencia. Savanna no se quedó quieta, le desabrochó el cinturón con dedos torpes de deseo, bajó la cremallera y sacó su pene, lo acarició de abajo hacia arriba, apretando justo como sabía que a él le gustaba. Ian gruñó bajo, le apartó las bragas a un lado y frotó la cabeza gruesa contra su entrada ya mojada. Empujó de una sola vez, llenándola por completo. Savanna soltó un gemido ahogado contra su cuello y él se quedó quieto un segundo, enterrado hasta el fondo, respirando pesado contra su oreja. —Te amo… —murmuró ronco. Empezó a moverse. Salía y volvía a entrar con fuerza controlada, profundo, constante. Cada embestida borraba un pedazo del pasado, cada choque de caderas era una promesa. Savanna rodeó su cuello y levantó las caderas para encontrarse con él. Pronto
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