El salón quedó en un respetuoso silencio cuando José Monteiro se puso de pie. Copa en mano, su sola presencia imponía autoridad.—Me alegra ver esta sala llena de personas importantes, amigos, socios… y, por supuesto, mi familia —dijo, mirando brevemente a Augusto, que mantuvo el rostro neutro—. Estoy llegando a una etapa de la vida en la que pasar el mando empieza a parecer más una responsabilidad que una opción. Quiero que sepan que, cuando llegue ese momento, se hará con sabiduría. El cargo de CEO será entregado a quien demuestre fuerza, visión… y lealtad.Una tensión sutil recorrió la sala.Algunos intercambiaron miradas. Otros simplemente alzaron sus copas.Augusto permaneció impasible, aunque por dentro lo supo al instante:Eso era una advertencia.Su padre podía estar poniéndolo a prueba… o preparando una sorpresa.Más al fondo, los ojos atentos de José se detuvieron en un rostro.Un hombre de sonrisa forzada y traje impecable, sentado junto a una mujer excesivamente maquillada
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