CASSAINEl momento en que ella me dejó en la cafetería me golpeó más fuerte que cualquier puñetazo. Sus hombros cargaban tanto peso, cada paso lento, pesado, cargado. Un dolor agudo me atraviesa solo al recordarlo.—Mara, esos susurros que corren son tóxicos, y guardé el silencio demasiado tiempo. Tienes que ponerles fin, y nunca te elegiría a ti por encima de ella.Ella sonríe con picardía.—No sé de qué estás hablando, Cassain.—Hazte la inocente todo lo que quieras, pero esta es la última vez que te lo digo.Voy en busca de Evelessa y la encuentro lejos de su habitación, escondida en la silenciosa decadencia del ala trasera de la biblioteca. La luz corta el suelo, espesa con polvo flotante, dibujando franjas junto a su silla. Un libro descansa en sus rodillas, intacto, sus páginas aún cerradas. Sus ojos se mantienen fijos en fila tras fila de títulos sin leer.Sus ojos permanecen bajos cuando me acerco, pero cada músculo se tensa como un alambre.—Evelessa.—Dije que necesitaba tie
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