CASSAIN
Estoy despierto antes que ella. Siempre me despierto primero por su aroma embriagador.
Su figura bajo las sábanas se mueve levemente, las extremidades atrapadas en medio de una lucha de sueños. Evelessa yace quieta ahora, vuelta hacia la pared, la tela enredada en sus pies como si la hubiera jalado demasiado durante horas inquietas. El aire permanece en silencio, salvo por el ritmo de su respiración: suave, constante, ajena a los cambios que ocurren porque ella está aquí. El silencio ll