CASSAIN
La oficina del decano está tensa y sofocante. No me siento.
Estoy de pie frente a su escritorio, manos entrelazadas detrás de mí, dientes apretados; una parte de mí ya está segura de que esta conversación no llevará a nada. Una tensión silenciosa vibra con cada segundo que pasa.
Evelessa se sienta a mi lado sin decir palabra.
Sus dedos se entrelazan en su regazo, aunque sus hombros permanecen perfectamente firmes, como si algo difícil estuviera por venir.
El decano se aclara la garganta