Valeria se despertó con un nudo en el estómago. Eran las 5:47 a.m. El último mensaje de Rafael seguía resonando en su cabeza: “Mañana a las 8 a.m. recibirás mi verdadero regalo final. Esta vez será algo que cambiará todo para siempre.”Se levantó con cuidado para no despertar a Diego, que dormía profundamente a su lado. Bajó a la cocina, preparó café fuerte y se sentó frente a la ventana que daba al jardín. El mar del Malecón estaba en calma, pero dentro de ella todo era tormenta.A las 7:20 a.m. Diego bajó, ya vestido. La abrazó por detrás y la besó en el cuello.— Sea lo que sea que traiga hoy — murmuró —, lo enfrentaremos juntos.Valeria se giró y lo besó con urgencia. El beso se volvió intenso. Diego la levantó y la sentó sobre la encimera. Se amaron allí mismo, con pasión desesperada. Diego la tomó con fuerza, sus manos clavándose en sus caderas, su boca devorando la de ella. Valeria se entregó por completo, gimiendo su nombre, arañando su espalda, dejando que las lágrimas cayera
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