YELENALo primero que sentí fue un peso enorme en mi mano.Era cálido, apretado y casi desesperado.Cuando abrí los ojos, todo era blanco brillante y borroso. Parpadeé una, dos veces, hasta que la habitación dejó de dar vueltas. Estaba en una cama de hospital. Yo... una doctora entera, tumbada como una paciente indefensa que no distingue entre un dolor de cabeza y un peligro real. Genial.Giré la cabeza y vi a Tyler sentado a mi lado, sujetándome la mano como si, si la soltaba, fuera a desaparecer. Tenía la cabeza gacha, el pelo revuelto y la mandíbula apretada como si hubiera pasado horas luchando contra fantasmas que solo él podía ver.Cuando sintió mi movimiento, levantó la cabeza de golpe.«Cariño... estás despierta», susurró, con un suspiro de alivio que ahogaba su voz.Antes de que pudiera responder, alguien gimió. Miré a mi otro lado y, vaya.Alfa Tristan. Estaba sentado allí como un rey al que no le gustaba dónde estaba su trono. Sus ojos estaban fijos en mí, ardientes e indes
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