POV LOLAEl despertador suena a las seis de la mañana y ya estoy despierta, mirando el techo de mi habitación ridículamente lujosa, mentalmente repasando la lista de todo lo que necesita pasar en las próximas dos horas para que tres niños de cinco años lleguen al colegio a tiempo, vestidos apropiadamente, alimentados, con mochilas correctas y sin crisis emocionales. Es lunes de la tercera semana de colegio y todavía no hemos logrado mañana perfecta. Algunas han sido desastres completos, otras casi funcionales, ninguna sin al menos un momento de caos absoluto.Me levanto, me pongo bata, bajo a la cocina donde ya encuentro a Adrián preparando café. Él siempre llega primero, vestido impecablemente en traje que probablemente eligió la noche anterior, cabello ya perfectamente peinado, viéndose como si hubiera dormido ocho horas cuando sé que probablemente fueron cinco como máximo. Vivir en la misma casa me ha dado acceso involuntario a sus patrones: escucho cuando su ducha corre a las cinc
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