POV ADRIÁNEl salón Verdi está lleno hasta el último asiento. Quinientos ejecutivos esperan que les diga algo que valga la pena, algo que justifique el costo de sus vuelos internacionales y sus noches en hoteles de cinco estrellas. Las luces del escenario son más brillantes de lo que esperaba, diseñadas para que los ponentes sean completamente visibles mientras la audiencia permanece en semi penumbra. El moderador, un italiano de pelo plateado cuyo nombre ya olvidé, está haciendo introducciones con ese entusiasmo profesional que probablemente ha perfeccionado durante décadas de eventos corporativos.Victoria está sentada en primera fila, su postura impecable, tomando notas, aunque todavía no he dicho nada. Me lanzó una mirada de advertencia antes de que subiera al escenario, un recordatorio silencioso de que necesito estar presente, enfocado, brillante. Que quinientos pares de ojos están esperando ver al Adrián Valcor que construyó un imperio, no al hombre que pasó la noche entera sin
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