Capítulo 19 —El Santuario ProfanadoLa nota que apareció sobre la mesa rústica de madera parecía emitir un calor radiactivo, distorsionando el aire a su alrededor. Enrico sostenía el pequeño trozo de papel blanco con una fuerza tal que sus nudillos se habían vuelto de un blanco fantasmal, y la vena gruesa en su sien derecha palpitaba rítmicamente, marcando el compás de una furia sorda que Alessia podía sentir vibrando en toda la habitación. El silencio en el pequeño departamento, usualmente su refugio de paz, se volvió asfixiante. Habían violado su santuario, el único lugar del mundo donde ella no era una pieza de ajedrez en el tablero sangriento de la mafia, y lo habían hecho con una facilidad que resultaba insultante.Enrico no esperó a que ella dijera nada. Se transformó, en un parpadeo, el hombre que la había besado con una desesperación hambrienta en la cabaña fue reemplazado por el Don, el depredador absoluto de Roma. Empezó a moverse por el espacio con una eficiencia aterradora
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