HAILEYHabían pasado dos meses desde la sesión de fotos con Ryan, pero el recuerdo de ese día seguía rondando en mi mente como una canción pegadiza que no puedes quitarte de la cabeza. Cada momento de aquella jornada era un voto silencioso entre nosotros: una conexión cruda y impactante de la que ninguno de los dos podía escapar. Ahora, mientras paseaba por una de las tiendas de la cadena de Ryan, era exactamente la mujer en la que me había convertido: feroz, poderosa e inquebrantable.Flora me acompañaba, con su cabello rojo fuego cayendo en ondas por su espalda. Mis botas de combate resonaban contra el suelo de mármol y mi chaqueta de cuero le quedaba suelta sobre los hombros. Era un huracán, sin arrepentimientos y llamativa, y su descaro resultaba contagioso junto a su propio cabello negro azabache.—Mira —dije, sosteniendo el fino vestido negro contra mi cuerpo—, podría ponerme esto. Con unas botas hasta el muslo, estaré espectacular.Ella se rio, pasando los dedos por la suave te
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