84. Una huida a tiempo
—¿Esta noche? —la aguda voz de Elara, cargada de pánico, rompió el silencio del auto—. ¿No se habían ido de vacaciones a Aspen por una semana entera?Jaxon no respondió de inmediato. El hombre arrojó su teléfono al asiento trasero y giró la llave de contacto al instante. El motor V8 del Dodge Charger volvió a rugir con ferocidad, cortando el viento nocturno del puerto.—Ponte el cinturón de seguridad —ordenó Jaxon con firmeza. Su rostro se volvió sumamente serio.—Jaxon, respóndeme —insistió Elara. Sus manos temblaban ligeramente mientras tiraba del cinturón de seguridad y lo abrochaba—. ¿Por qué han vuelto antes de tiempo? ¿Saben que hemos salido?—Richard no me dio ningún motivo —respondió Jaxon, agarrando el volante con fuerza—. Solo me dijo que estuviera listo en casa porque hay un asunto urgente de la empresa. Tenemos que llegar a la mansión antes de que su coche cruce las puertas.Jaxon pisó el acelerador a fondo. El coche, negro como el azabache, salió disparado dejando atrás l
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