48. Una puerta cerrada y una súplica ronca
Los ojos de Jaxon se abrieron de par en par. El destello en su mirada no era simple sorpresa, sino una ira absolutamente letal.Un segundo antes de que los labios de Scarlett, cubiertos de una gruesa capa de lápiz labial, lo tocaran, los reflejos de depredador de Jaxon tomaron el control. El hombre ignoró el dolor que le trituraba todas las articulaciones. Levantó ambas manos, aún envueltas en vendas ensangrentadas, y con una fuerza sorprendente, empujó los hombros de Scarlett con todo su ímpetu.El empujón fue tan brutal que el cuerpo de Scarlett salió despedido hacia atrás. La mujer soltó un grito ahogado de sorpresa; sus tacones rojos se torcieron y cayó sentada, golpeándose contra el sucio suelo de hormigón.—No te atrevas nunca —gruñó Jaxon con voz ronca, resonando en el estrecho vestuario— a volver a tocarme con tus sucias manos, Scarlett.Scarlett hizo una mueca de dolor, mirando a Jaxon con absoluta incredulidad. Su hermoso rostro enrojeció de vergüenza e ira.—¡Estás loco, Jax
Leer más