Al mañana siguiente, Nyla se puso un traje formal para el viaje de negocios y bajó con su maleta. Pero nada más abrir la puerta de su departamento, se encontró con Clark, quien llevaba una bolsa con el desayuno en la mano y estaba a punto de tocar.—Nyla. —Al verla, un destello de sorpresa cruzó por los ojos de Clark, pero enseguida se transformó en puro nerviosismo.Nyla frunció el ceño con notable impaciencia. Sin decir una sola palabra, intentó rodearlo para caminar hacia el ascensor.—Espera. —Clark se hizo a un lado rápidamente para cerrarle el paso—. Te traje el desayuno. Es tu croissant favorito.Levantó la bolsa que llevaba en la mano. Adentro estaban los croissants de la pastelería que a ella tanto le gustaba cuando iban a la universidad.—No hace falta —respondió Nyla con frialdad—. Por favor, muévete.Esa palabra, «muévete», atravesó a Clark como una cuchilla. Recordó que, en los años de universidad, cada vez que aparecía ante Nyla con esos croissants, ella siempre sal
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