Capítulo 75Sarah.La cita médica llegó antes de lo que esperaba, un jueves que se sentía cargado de una electricidad estática. Mis manos, que solían estar firmes al trazar planos, temblaban al abrocharme el cinturón del coche. Me sentía nerviosa, no solo por la salud del bebé, sino por el hecho de tener que compartir ese pequeño espacio compartido con Alejandro.Habíamos acordado que él vendría, pero me arrepentí mil veces antes de verlo estacionar su vehículo, un modelo discreto y sin guardaespaldas visibles, frente a mi casa.Bajó del vehículo con un traje oscuro, sin corbata, luciendo una sencillez que no le conocía. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, el aire se volvió pesado, casi irrespirable. No hubo abrazos, ni saludos cálidos; solo una distancia tensa que ambos respetamos en silencio mientras viajábamos en sí vehículo rumbo a la clínica.Al llegar, caminamos hacia la entrada, como dos extraños que comparten una condena.La doctora Méndez, una mujer de trato amable,
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