Capítulo 69Alejandro.La casa se convirtió en una tumba. Cada rincón, cada mueble y cada sombra me gritaban la ausencia de Sarah. Me refugié en el despacho, el mismo lugar donde, semanas atrás, mi padre había sembrado la semilla de la duda que terminaría destruyendo todo lo que amaba.Me senté en la silla de cuero, la misma donde ella tantas veces se había sentado conmigo a revisar informes, y me dejé vencer por un vacío que nunca antes había conocido.No salí de ahí durante dos días. El alcohol, que antes me servía para olvidar los problemas de la empresa, ahora era mi única compañía, pero no servía de nada. Cada trago solo intensificaba el dolor punzante en mi pecho.Me repetía, como una oración maldita, cada uno de nuestros momentos, la forma en que ella me miraba, la calidez de su piel en la madrugada, la risa de Joe en la sala. ¿Cómo pude ser tan ciego? ¿Cómo pude pensar que un papel quemado borraría las cicatrices que mis palabras y mi arrogancia habían dejado en ella durante t
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