Capítulo 61Alejandro.Sesenta días. Ese era el número que martilleaba mi cabeza cada mañana al despertar. Sesenta hojas del calendario que nos separaban del abismo o de un nuevo comienzo. El orgullo, esa armadura pesada que cargué durante años como si fuera un trofeo, se me estaba cayendo a pedazos, y lo más extraño era que no me sentía desprotegido. Me sentía ligero.En la oficina, las cosas habían dado un giro de ciento ochenta grados. Ya no necesitaba que Sarah fuera solo mi sombra eficiente; necesitaba que fuera mi confidente.—Mira estos números, Sarah —le dije, extendiendo los planos y el balance de la nueva adquisición en la zona norte sobre mi escritorio—. Si cerramos este trato antes de la junta de accionistas, consolidaremos el mercado, pero me preocupa la tasa de interés a largo plazo. ¿Qué opinas tú?Ella se acercó, entornando esos ojos que me volvían loco. Su capacidad analítica siempre había sido su mejor arma, pero verla ahora, compartiendo mis preocupaciones antes de
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