La sala era un campo de batalla invisible, donde cada palabra y cada mirada era un arma. La tensión entre Vaelior y Xyrrion había alcanzado un punto crítico, sus cuerpos a centímetros de distancia, sus ojos encendidos con un odio que parecía capaz de incendiar la habitación. Nyxara, atrapada en el centro, sentía que el aire se volvía más pesado con cada segundo.
De repente, Xyrrion perdió la paciencia. Con un movimiento rápido, agarró a Vaelior por la camisa, sus dedos apretando la tela con fu