Estaba clara en que Ares nunca sería amable, jamás la trataría con dulzura ni, mucho menos, con amor. No velaría por ella, no cuidaría sus enfermedades, ni la llevaría de la mano a citas, tampoco le regalaría flores o se encargaría de hacerla sentir mejor. Por el contrario, parecía empeñado en recordarle que no solo había sido vendida a él y entregada a su infierno, sino también que, incluso con lo que había pagado, para él no valía nada. Nada más de lo que pagaría por una muñequita que, en su habitación dorada, podía usar a su antojo. Pero, entonces, ¿por qué ella parecía envolverse en la electricidad que su imponente presencia cargaba?—Ni se te ocurra enamorarte de este hombre, Melissa —se susurró a sí misma, oculta una vez más en sus manos—. Ya le has entregado lo que quería de ti, tu virginidad, y ahora tendrá disposición de tu cuerpo cuantas veces quiera. No le puedes dar lo único que puedes guardar para ti, y es tu corazón…Salió de su espacio tras superar aquella sensación. Se
Leer más