—¿Tienes fuerzas para bajar y cenar algo?Melissa lo miró a los ojos, pero asintió.—Bien, vamos.La joven se acomodó en la orilla de la cama y notó la belleza de la habitación: muy clásica, elegante y de pocos, pero refinados muebles. Al ponerse de pie, Ares dio un paso hacia ella. Al sentirse mareada, Melissa tomó la mano que él, en un acto reflejo, le ofreció. Era la primera vez que sus manos se encontraban de aquella manera. Melissa miró la unión y luego a Ares, a quien solo tomó de la nuca y le dio un beso.Tan rápido, tan delicado y sencillo, que lo dejó descolocado.—Gracias por quitarte los guantes.Ares tensó la mandíbula, observando su mano cuando ella apartó la suya y se alejó unos pasos de él. Esa voz en su mente le decía que no le creyera, que ella solo sentía asco y repulsión por sus cicatrices, por su piel herida, por sus marcas, y que debía volver a los guantes. Pero cuando la delicada voz de Melissa lo llamó, el oscuro pasó saliva y, aún con la bata puesta, se dirigió
Leer más