Beatrice llegó a la audiencia con diez minutos de adelanto.Era una técnica suya: llegar antes para ocupar visualmente el espacio, instalar una calma que el otro debía interrumpir con su entrada. Llevaba el mismo color marfil de la rueda de prensa y, cuando Adriana entró con su abogado, encontró a Beatrice sentada y sonriendo con la expresión de quien se alegra genuinamente de ver a alguien.Era el tipo de sonrisa que Adriana había aprendido a descifrar a los doce años: no felicidad, no cariño, sino dominio bajo una capa impecable de educación.Franco no estaba en la sala.Adriana había decidido eso también. Beatrice perdería parte de su argumento si Franco no estaba presente para nombrarlo como causa del problema. Si la sala no tenía a Franco, Beatrice tendría que nombrar a Adriana, y nombrarla como problema era más difícil cuando Adriana estaba sentada frente a ella con su propio abogado, sus propios documentos y su propia voz.Renard abrió la sesión con un resumen breve del estado
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