CAMERONPapá me había hecho llamar para que lo acompañara a visitar al abuelo, y fui gustoso porque me gustaba verlo y hablarle. No podíamos visitarlo con la frecuencia que me gustaría, por lo que, a pesar de todo, su venida aquí en medio de todo el caos me parecía una bendición disfrazada.Cuando era pequeño, el abuelo todavía no tenía problemas en su cerebro, y siempre que iba a visitarlo me contaba muchas historias, preparaba galletas para mí y me hablaba del cielo, tal como papá lo hacía. Ambos sentían una gran pasión por las estrellas.Por las noches, salíamos a ver el firmamento, y terminaba maravillado con todo lo que me contaban. Esos días me parecieron los mejores, no solo por mí mismo, sino porque veía la ilusión en los ojos de mi padre, su sonrisa, cómo de verdad disfrutaba pasar tiempo con su propio padre. Era fantástico.Pero bueno, luego vino la enfermedad, y las cosas se complicaron. El abuelo comenzó a tener episodios, y era en esos donde no sabía ni quién era, donde v
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