JulietEntonces, antes de que pudiera responder sí o no, Asher dejó su taza de café. —Juliet. Ven aquí —ordenó.Vacilé un segundo, pero obedecí. Sentía las piernas como gelatina. Me levanté y caminé hacia él, con la fina seda de mi vestido ondeando a cada paso. El aire en el comedor era gélido, mordiendo mi piel desnuda, pero mi rostro ardía con un calor que no se apagaba.Cuando llegué a su silla, no dijo ni una palabra. Simplemente se palmeó el regazo. —Siéntate.¿Sentarme en su regazo?Obedecí, con el corazón martilleando contra mis costillas. Me senté de lado sobre sus muslos. Él era sólido, como sentarse sobre un bloque de mármol caliente. Acercó hacia mí un plato con fruta y pasteles calientes y mantecosos. —Come. Necesitas fuerzas para el día, pequeña.Tomé un trozo de melón con dedos temblorosos. Intenté concentrarme en el dulzor, pero era imposible. Podía sentirlo. Justo debajo de mí, sentía un bulto masivo y duro en sus pantalones negros. Estaba grueso, pulsante y caliente c
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