El timbre sonó justo cuando el sol se ponía. Me alisé el vestido y fui a abrir. Era David, el hermano menor de Mark. Era alto, como Mark, pero tenía una mueca juguetona y constante en el rostro.—Hola, extraña —se rió David, dándome un rápido abrazo—. Me han dicho que la cuñada favorita ha vuelto a la ciudad.—Hola, David —dije, forzando una sonrisa. No era ni de lejos tan cercana a él como a Mark, y su energía estrepitosa era demasiado después del estrés de la tarde.La cena fue un asunto animado. David contaba chistes y mantenía a Sarah riendo. Mark estaba sentado a la cabecera de la mesa, luciendo perfectamente profesional con una camisa limpia. Nadie adivinaría que hace apenas unas horas estaba desnudo y jadeando en mi ducha. Actuaba como el esposo perfecto, pero cada vez que David hacía una broma, Mark me buscaba la mirada por un breve segundo, con una expresión pesada y oscura.A la mañana siguiente, la casa volvía a estar ajetreada. Mark estaba junto a la puerta, maletín en man
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