SiennaMe quedé mirando la polla de Dan. Seguía ahí, erguida, gruesa y furiosa, como un castigo del que no podía escapar.Sentía las piernas como si fueran de plomo. Me dolían los muslos, pero conocía las reglas. Y esto apenas estaba empezando.Gateé hacia él, con la respiración entrecortada mientras mi coño dolorido rozaba las sábanas.—No te quedes solo mirándola, Sienna —se burló Dan—. El anillo está esperando.Apoyé las manos en su abdomen firme. Sus abdominales se sentían como una pared, duros y suaves al mismo tiempo.Lentamente, me elevé y me puse sobre él. Sentía el calor de su miembro irradiando contra mi sexo. Me bajé, pulgada a pulgada.Joder…Incluso ahora, se sentía bien, como cada maldita vez.—Nnnnggh… qué… bueno… —murmuré, mordiéndome el labio inferior.Mis ojos se pusieron en blanco al sentir cómo me ensanchaba de nuevo. Era un apretón lento y ajustado. Lo fui metiendo, poco a poco, hasta que sentí su pelvis chocar contra mi clítoris.—Ahhhh-hmmm… síii… Síii.Sentía l
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