POV de JOSE
—¿Estás seguro de que este es el piso, Carlos? —pregunté, manteniendo la voz baja mientras subíamos por el ascensor privado del edificio residencial más exclusivo del Paseo de la Castellana.
El dolor en mi hombro izquierdo era un castigo constante bajo la cazadora de cuero, pero la furia que llevaba dentro actuaba como el mejor anestésico. Reginald había movido sus hilos demasiado rápido. Tras mi renuncia en la Moraleja, el consejo de administración me había destituido formalmente,