POV de NINA
El olor a combustible quemado y el aire frío de la terminal de Barajas me golpearon la cara en cuanto se abrió la puerta del jet privado. Madrid seguía gris, ruidosa y ajena a la sangre que habíamos dejado en las montañas del Atlas. Bajé las escaleras mecánica de la pista sosteniendo a Mateo, que dormía profundamente apoyado en mi hombro. Su peso me recordaba por qué seguía respirando.
Detrás de mí, los pasos eran lentos, pesados y desiguales. No necesitaba volverme para saber que J