ALEXANDER HAMPTONEl tiempo, descubrí, pasa de una manera graciosa cuando estás esperando un hijo. A veces se arrastra, como en las reuniones de presupuesto, y a veces vuela, como un tren bala descontrolado.Los meses siguientes pasaron por grandes emociones, náuseas y revelaciones.SEGUNDO MES DE GESTACIÓN:Lizzy ya tenía ocho semanas. Estaba radiante, aunque había pasado la mañana entera abrazada al inodoro.Estábamos todos a la mesa: William, Elaine, Damian, Stella, Leah y nosotros. Excepto los niños, ya que Maxine y Orion estaban engripados, así que todos se quedaron en casa.— Entonces... — empezó Lizzy, carraspeando. Me sostuvo de la mano por encima del mantel. — Tenemos una novedad.— Estamos embarazados. — completé rápidamente, sonriendo como un idiota.Hubo un segundo de silencio atónito.— ¡AAAAAAAAH! — gritó Leah, tirando su copa de vino que, por suerte, estaba vacía. — ¡VOY A SER TÍA DE NUEVO!Elaine se llevó la mano al pecho, pálida.— Un bebé... — susurró, con los ojos l
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