DAMIAN WINTER"Maxine Winter".Después de verla, me di cuenta de que ningún otro nombre en el mundo podía pertenecerle. Miré al pequeño ser ensangrentado y arrugado en el pecho de mi esposa, y la palabra "grandiosa" pareció encajar a la perfección.Stella estaba radiante. Cansada, pálida, pero absolutamente luminosa. Era una diosa.Cuando las enfermeras se llevaron a Maxine para limpiarla y pesarla, cada segundo que estuvo fuera de mi vista fue una agonía. Observé cada movimiento, como un león protector irracional, listo para atacar si la manipulaban con menos cuidado del que merecía el tesoro invaluable que era.Entonces, volvió, envuelta en una suave manta rosa, usando un gorrito ridículo. La enfermera me sonrió.—Papá, ¿quiere cargar a su hija?Mis manos, que controlaban imperios, temblaban. Asentí, mudo. Ella puso ese paquetito imposiblemente ligero en mis brazos. Contuve la respiración, con miedo de que mi simple aliento pudiera romperla. Era tan pequeña, tan frágil. Y era mía. M
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