Allí estaba su hermano mayor, Damien entrenando y a lo lejos, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, estaba Valerian. El lobo que algún día sería el Beta de Damien cuando este tomara el lugar de Julián como Alfa. Alto, hombros anchos, cabello negro corto y ojos grises que siempre parecían ver demasiado. Ella siempre había sentido demasiado por él. Una atracción callada, constante, que nunca había nombrado en voz alta porque no era el momento. Porque la guerra era primero. Una mirada hacia él y todo se desvanecía pero ese día en especial no había hecho efecto esa emoción que la atraía al macho. Damien la vio entrar y sonrió aliviado, pero su cara le recordó al mismo macho con el que había intentado enfrentarse que no había respondido sus golpes, Acheron. A quien estaba destinada a destruir. —Llegas tarde, hermanita. Pensé que te habías perdido en el bosque de esos bastardos. Aria no respondió. Se quitó la camiseta quedando en sujetador deportivo y sin vacilar
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