La excusa perfectaGeorge había perdido su celular en un descuido monumental. Estaba en una cabina telefónica, un artefacto del siglo pasado, tratando de explicarle a su hermano Andrew cómo alguien había logrado robarle el móvil en pleno siglo XXI.En medio de la conversación, algo mucho más importante capturó su atención: una silueta. Esa forma de caminar, ese cabello… Era ella.—Andrew, tengo que colgar —comentó apresurado, casi tropezándose con el cable del teléfono—. Sí, sí, ya sé, compraré otro mañana. Adiós.Colgó con rapidez y salió de la cabina, mirando a su alrededor como un detective.—¿Dónde estás, gatita? —murmuró, sintiendo el calor de la adrenalina.Mientras tanto, Julia, quien efectivamente lo había visto, hizo lo más sensato que cualquier persona haría en su lugar: esconderse. Pegada a una columna cercana, rogaba que George no la encontrara. No estaba lista para un encuentro tan incómodo.—Mierda, ¿me estaré volviendo loco? —se preguntó él en voz alta, rascándose la nuc
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