Perspectiva de AlessiaParís ya no era la ciudad de la luz, ni la de los cafés bohemios, ni la del Sena que había sido testigo de mis risas. Ahora era un laberinto de asfalto mojado, sombras densas y un frío que se colaba por los huesos, instalándose directamente en el pecho.Lucas y Samantha estaban en la habitación del apartamento, con los ojos inyectados en sangre, tecleando furiosamente sobre la laptop de Marco, rastreando cada satélite, cada maldita señal que la sociedad fantasma de Max pudiera haber dejado en los suburbios de la ciudad. Pero yo no podía estar allí dentro. El aire se me terminaba.Salí al pequeño balcón de hierro forjado que daba a la Rue de Rivoli. La lluvia fina me golpeaba el rostro, pero apenas lo sentía. Fue entonces cuando escuché la puerta principal abrirse y cerrarse con un golpe seco. Pensé que sería Spencer, pero los pasos que resonaron en el pasillo eran más erráticos, pesados, arrastrando el peso de un mundo en ruinas.Era mi padre.Dominic Russo entr
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