Perspectiva de DominicUn llanto suave, casi un hipo entrecortado, me sacó de las profundidades de un sueño pesado. Por un segundo, mi instinto de protección se activó pensando que Michelle había encontrado la casa, pero al abrir los ojos, la realidad era mucho menos violenta, aunque igual de urgente.Cloe estaba sentada al borde de la cama, con las manos sobre su vientre y las mejillas empapadas de lágrimas que brillaban bajo la luz de la luna.—¿Cloe? ¿Qué pasa? ¿Te duele algo? —me incorporé de un salto, rodeando sus hombros con mis brazos—. ¿Es el bebé? ¿Son contracciones?Ella negó con la cabeza, sollozando con más fuerza, ocultando el rostro en sus manos. —No... no es eso. Es que... es horrible, Dominic. Me siento una persona terrible.—Nena, mírame. Me estás asustando. ¿Qué es lo que pasa? —le pedí, tratando de encontrar su mirada en la penumbra.—Tengo... tengo mucha hambre —soltó finalmente, y un nuevo mar de lágrimas estalló—. Pero no hambre normal. Necesito... necesito algo
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