Declan dejó escapar una risa baja, contenida, mientras el eco de la tormenta seguía golpeando el lugar. A unos pasos, Alexander yacía boca abajo, atado de pies y manos, con una mordaza que le cortaba cualquier intento de sonido. Su cuerpo permanecía rígido, casi inmóvil, como si ya estuviera muerto, pero no lo estaba; respiraba apenas, el pecho subiendo y bajando con cuidado, intentando no provocar nada. Había visto demasiado. El ruso se había encargado de mostrárselo de cerca, obligándolo a observar cada movimiento, cada corte, cada grito ahogado del inglés mientras era despojado de todo. Y ahora lo entendía. Un solo error, un solo sonido fuera de lugar… y sería el siguiente.Tiene suerte de que su exesposa sea compasiva con él, porque Declan se muere por hacerlo pedazos.Nora Harrington ya estaba en camino a recoger a su hijo, y esta vez no habría margen para errores: tendría seguridad las veinticuatro horas, sin descuidos, sin grietas por donde pudiera volver a escapar.Cuando Iván
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