El silencio que deja la voz de Alaric no dura más de unos segundos, pero es suficiente para alterar el equilibrio de todo el pasillo. No es un silencio incómodo ni vacío; es un corte limpio, una pausa forzada que obliga a todos a recalibrar su posición dentro de lo que acaba de pasar. Selene no retrocede, pero se recompone con una rapidez que la delata más de lo que la protege. Es el tipo de control que solo tienen las personas acostumbradas a no perder nunca delante de otros.—Solo estábamos hablando —dice, con una suavidad calculada que no engaña a nadie.Alaric no responde de inmediato. Ni siquiera la mira. Y ese detalle, pequeño pero quirúrgico, pesa más que cualquier confrontación directa. Cuando finalmente lo hace, su expresión no cambia.—No parecía una conversación.La frase cae plana, sin emoción, pero lo suficientemente firme como para tensar el ambiente otra vez. Selene sostiene la sonrisa, aunque ahora tiene filo.—Depende de lo que consideres interesante.—No me interesa
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