El beso se transformó en una marea lenta, húmeda y asfixiante que me dejó sin aliento. Mi cuerpo vibraba contra el suyo, respondiendo al calor abrasador que emanaba de su piel, me sentía consumida por su boca, como si cada rastro de mi voluntad se estuviera fundiendo bajo la suya. Seth profundizó el contacto, metiendo la lengua con una desesperación que me hizo flaquear, mientras sus manos se aferraban a mi cintura con una fuerza posesiva. Yo me aferré a su cuello con el mismo desespero, enredando mis dedos en su cabello, necesitando más de esa electricidad que me recorría. Quería ir más lejos, cruzar la frontera de lo prohibido, pero entonces... él se separó unos centímetros, dejándome jadeando en busca de aire.—¿Qué se siente, Eloise? —susurró contra mis labios, con una mirada triunfante—. ¿Qué se siente tener al alfa de una manada entera rendido a tus pies?Solté una carcajada nerviosa con una mezcla de alivio y sorpresa ante su descaro.—¡¿Pero cómo se te ocurre decir algo a
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