Aunque ninguno de los dos hombres hablaba mucho, el ambiente se mantenía sorprendentemente armonioso.Aun así, bajo esa calma superficial, persistía una tensión invisible—sutil, instintiva. Dos Alfas en el mismo espacio jamás podían ignorar completamente la presencia del otro.Después de la comida, Andrea notó que su padre dudaba, como si estuviera sopesando algo. Su mirada se detuvo brevemente en Samuel.Lo entendió de inmediato.Con una suave sonrisa, se puso de pie.—Papá, Sam, voy a salir un momento a hacer una llamada. Tómense su tiempo.Cuando la puerta se cerró tras ella, el aire en la habitación cambió.La expresión de Charles se volvió seria. La calidez desapareció, reemplazada por la silenciosa autoridad de un líder de manada. Clavó su mirada aguda en Samuel.—Samuel… ¿hablas en serio con mi hija?Los labios de Samuel se curvaron levemente.—Si no es Andrea, no me casaré.Una frase simple. Sin adornos. Sin excesos.Y, aun así, el peso de esas palabras cayó como un juramento.
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