Capítulo 47A la mañana siguiente, el cielo seguía gris, dejando el rastro de la lluvia de la noche anterior. Damian se encontraba frente a la antigua casa de estilo colonial en las afueras de la ciudad, donde Elena vivía con sus hijos. En su mano sostenía una pequeña caja llena de juguetes y libros infantiles, algo que había comprado en mitad de la noche, cuando su corazón no encontraba calma.Cuando la puerta se abrió, Elena apareció en el umbral. Llevaba un suéter gris holgado y pantalones casuales. Su cabello estaba recogido en un moño sencillo. Sus ojos se veían cansados.—Elena… —comenzó Damian, con voz baja, casi dudosa.—Damian, es temprano por la mañana —dijo Elena con calma, apoyándose en el marco de la puerta—. ¿Qué ocurre?—Yo solo… quería verlos. A Olivia, Katty y Delya —respondió, intentando sonreír—. Si me lo permites.Elena lo miró durante unos segundos. No había enojo, pero tampoco calidez. Asintió lentamente y abrió la puerta un poco más.—Pasa.Damian entró. La casa
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