—La última vez que te lo pregunté, Damian... —Nathan se plantó frente al hombre, que permanecía sentado y recostado contra la pared, con el rostro cubierto de golpes—. ¿Dónde está Elena?Damian se limpió la sangre de la comisura de los labios y lo miró con expresión vacía.—Ya te lo dije... No lo sé.Nathan levantó una silla de madera y la lanzó con fuerza contra una esquina de la habitación.—¡No me mientas!Damian guardó silencio. Respiraba con dificultad, el pecho subía y bajaba con pesadez, pero su mirada permanecía firme, sin vacilar.Rendi, que observaba la escena desde un rincón, habló con evidente preocupación.—Señor Nathan, será mejor que no...—¡Apártate de mi camino, Rendi! —lo interrumpió Nathan, girándose hacia él con el rostro enrojecido por la ira—. Si él no piensa hablar, encontraré las pruebas por mi cuenta.Nathan sacó su teléfono móvil y marcó un número.—Iwan, activa al equipo de informática de inmediato. Quiero la ubicación de todos los lugares que Damian Lancast
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