65. Tienen hambre de nuevo
El zumbido del teléfono alertó a Abel en la madrugada, Alys se removió un poco por el ruido, pero antes de que despertara por completo, él se levantó, y caminó rápidamente hacia la terraza, cerrando tras de sí las puertas de vidrio.—Liam, ¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.—Jefe, el hombre insiste en que no dirá nada más a menos que usted venga.—Hoy iré a interrogar a ese desgraciado personalmente, pero eso será después de acompañar a mi mujer. ¿Tienes todo listo para escoltarla a la mansión?—Sí, señor, el jefe de seguridad se encargará de llevarla personalmente después de salir del hospital, mientras nosotros iremos al complejo de seguridad.—Bien, recuerda Liam, Alys no debe sospechar nada de esto.—Entendido, jefe. La llamada finalizó y Abel ingreso nuevamente a la habitación. Caminó hasta la cama con cuidado de no hacer ruido y, sentándose a su lado, acomodó la manta sobre los hombros de su esposa. —Lo siento, cariño. No quiero ocultarte cosas, lo hago por su seguridad —susurr
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