40. A donde realmente pertenecemos
La estadía en Atlanta fue maravillosa, incluso más de lo que imaginábamos. Leah no alcanzó a conocer muchos lugares, ya que pasamos casi todo el tiempo en el hotel, pero aun así cada minuto valió la pena. Fue un viaje distinto, íntimo, de esos que no necesitan grandes recorridos para sentirse especiales. Hubo momentos en los que simplemente nos quedábamos mirando la ciudad desde la ventana, con su luz dorada filtrándose por las cortinas, y Leah apoyaba su cabeza en mi hombro como si ese lugar, ese instante, fuera suficiente. Y lo era. La cercanía, la calma, la forma en que sus dedos buscaban los míos sin pensarlo… todo tenía una intensidad tranquila, una pasión que no necesitaba prisa.Hablamos de la boda, de fechas posibles y coincidimos en que lo mejor sería hacerlo pronto, antes de que la rutina nos absorbiera y sobre todo ahora que Leah está por comenzar su nuevo empleo. Había una emoción tranquila en su voz, una ilusión que se mezclaba con nervios, pero también con esa certeza qu
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